La innovación es uno de los mantras del siglo XXI y la formación debe sumarse a esta (r)evolución para estar a la altura de lo que un mundo hiperactivo e hiperconectado demanda. Para afrontar todos estos retos, la tecnología se presenta como un aliado imprescindible a la hora de impulsar una educación disruptiva que reenfoque el aprendizaje.Una disrupción es una rotura o interrupción brusca. La educación disruptiva, por tanto, es aquella que pretende romper con lo establecido para mejorar lo existente. Y son muchos los expertos que piensan que el cambio es necesario y urgente porque el actual sistema es anacrónico, es decir, continúa anclado en el siglo pasado y no responde a las necesidades de la era digital.
Eso es lo que piensa, por ejemplo, Ken Robinson. El británico, una de las figuras más reconocidas del mundo de la educación, señala una y otra vez que mientras que en los últimos 50 años las esferas económica, cultural y personal han sufrido una transformación enorme, los sistemas educativos no han movido un ápice sus programas y sus objetivos.
Curtis Johnson, coautor del superventas Disruptive Class: How Disruptive Innovation Will Change The World Learns, explica que la forma actual de enseñar «es incapaz de educar a los alumnos de hoy en las competencias que han de dominar para desenvolverse en la sociedad digital». Y de ahí, señala, la necesidad de una educación disruptiva que reenfoque el aprendizaje.